¿PUEDE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL GANAR UNA ELECCIÓN?

Poder algorítmico, democracia y una nueva agenda para las izquierdas


Mtra. María Gabriela Cordero González
Foro Internacional del Partido del Trabajo

Agradezco la invitación de la Diputada. Giselle Arellano Ávila, de los organziadores del foro y en especial del Senador. Alberto Anaya, a participar de tan importante foro, para exponer un tema fundamental de nuestros tiempos.

Compañeras y Compañeros:


Quiero comenzar con una pregunta muy concreta:


¿Puede la inteligencia artificial ganar una elección?


Mi respuesta es: puede contribuir a ganar votos y también puede hacerlos perder y lo delicado es que lo hace de una forma menos evidente.
Un algoritmo no entra por la puerta de frente a la casilla, no marcara la boleta y mucho menos la depositara en una urna. Lo hace mucho antes interviniendo cuando la persona forma su
decisión antes de llegar a emitir su voto.


Pero hay algo todavía importante que debemos entender


La ventaja de la inteligencia artificial, está en reducir radicalmente el tiempo entre conocer
lo que ocurre, comprenderlo y tomar una decisión.

Pensemos en dos organizaciones políticas.

Una recibe información, la procesa, la analiza y días después decide cómo reaccionar.


La otra puede procesar miles de datos, detectar cambios en la conversación pública, comparar
escenarios e identificar riesgos prácticamente en tiempo real.


Y ahí aparece una nueva asimetría política


Durante décadas, la ventaja dependió del territorio, la estructura, recursos y la capacidad
de movilización. Todo eso sigue siendo fundamental.
Pero ahora se añadió una nueva variable: la capacidad tecnológica que puede traducirse en transformar información en conocimiento y conocimiento en decisiones antes que los demás.

Por eso el riesgo para las izquierdas no consiste solamente en que alguien tenga mejores bots
o pueda generar mejores deepfakes. el verdadero riesgo es competir contra organizaciones
que están aprendiendo más rápido que nosotros.

Y cuando esa capacidad tecnológica también puede intervenir sobre la información que
reciben millones de personas, entramos en un terreno todavía más profundo:

el poder algorítmico.

La capacidad de intervenir tecnológicamente en lo que una sociedad ve, conoce, discute y finalmente decide.


Y frente a ese poder tenemos dos opciones:

  1. Podemos entrar en una competencia para ver quién manipula mejor.
  2. Podemos construir tecnología que fortalezca la capacidad de las personas para decidir.

Para una fuerza democrática, para mí, el límite debería ser muy claro:


La inteligencia artificial puede ayudarnos a entender al ciudadano; nunca debería sustituir su
libre albedrío y cualquier organizacion que busque eso debe de ser frenada.

Para mi esto es solo la punta del iceberg, hablando de poder tecnológico.

Existe otra forma mucho más poderosa en la que la inteligencia artificial puede ganar
o perder confianza política.

Los resultados

Las izquierdas hemos entendido históricamente algo muy bien: una política pública adquiere
significado cuando una persona puede experimentar su resultado.

Un aumento al salario mínimo es tangible.
Una beca es tangible.
Una pensión es tangible.
Un apoyo económico llega a una familia concreta.
Un hospital, una escuela o un derecho laboral cambian vidas concretas.

Entonces quiero plantear la segunda pregunta de esta conversación:


¿Cómo hacemos tangible la inteligencia artificial?
¿Cómo hacemos que una persona pueda decir: “la inteligencia artificial mejoró mi vida”

Ahí está, en mi opinión, una de las grandes oportunidades políticas de nuestro tiempo.


Porque si para millones de personas la IA significa únicamente desempleo, fraude, vigilancia,
desinformación o concentración de riqueza.

Pero imaginemos lo contrario


Una pequeña empresa que antes no podía pagar grandes estructuras y ahora puede utilizar
inteligencia artificial para competir.
Un trabajador que adquiere nuevas capacidades y puede elevar su productividad.
Una estudiante que accede a herramientas educativas que antes estaban reservadas a quienes
podían pagarlas.
Una clínica pública que utiliza mejores herramientas de apoyo al diagnóstico Un ciudadano que deja de perder horas realizando trámites.
Un gobierno que detecta anomalías en contrataciones públicas antes de que se conviertan en
corrupción.
Una comunidad que utiliza información para anticipar riesgos de seguridad.


Entonces la IA que podamos ofrecer los partidos de izquierda al pueblo, se vuelve tangible
casi igual que un programa social, hoy todos están concentrados en el uso de la IA para manipular y ganar elecciones.


Tenemos el compromiso moral y social de convertir a la IA en desarrollo social y ahí entra
mi segunda premisa:

la política en la era digital, también puede ser política social.

Durante décadas hemos construido instrumentos para transferir recursos y no digo que lo
dejemos de hacer al contrario es fundamental seguir construyendo en esas estructuras, igual
se debe de impulsar el uso de las tecnologías para fortalecer.

Pero la siguiente frontera consiste en traducir a la IA en un bien tangible para el pueblo y que eso los siga incentivando y motivando permanecer en la izquierda y a eso yo lo llamo el dividendo social de la inteligencia artificial.


Si esta tecnología aumenta extraordinariamente la productividad, la pregunta política no
puede terminar en: ¿cuánto valor genera? Tenemos que añadir: ¿quién recibe ese valor?
Y esa es una discusión que a las izquierdas sí nos corresponde dar.


Una agenda humanista tiene que añadir otras preguntas:


quién recibe los beneficios, quién soporta los riesgos, qué derechos deben protegerse y qué
capacidad conserva el Estado para intervenir.


Necesitamos conseguir que la innovación tenga distribución social.

Otros países ya están experimentando:


Singapur construye su estrategia bajo una expresión sumamente clara: “AI for the Public Good”: inteligencia artificial para el bien público.
Y en 2026 estableció un Consejo Nacional de Inteligencia Artificial encabezado por su primer
ministro para dirigir esta transformación. Smart Nation Singapore.
China está impulsando su política de “AI Plus”, incorporando inteligencia artificial a salud,
educación, servicios públicos, desarrollo económico y atención en zonas rurales.

Ministerio de Relaciones Exteriores en Europa ha construido otra parte de la respuesta: regulación, derechos y obligaciones de alfabetización en inteligencia artificial.


¿Qué deberíamos hacer nosotros? Estudiar qué está resolviendo cada uno y construir una
respuesta propia para México y América Latina.


Eso también es soberanía tecnológica.


Un Estado que utiliza sistemas que no comprende termina dependiendo del criterio de
quienes sí los comprenden y exactamente lo mismo puede ocurrir con un partido político.


Los partidos que aprendan a utilizar inteligencia artificial podrán investigar más rápido,
procesar grandes cantidades de información, formar cuadros, detectar desinformación,
verificar contenidos, analizar problemas públicos y administrar mejor su conocimiento.


Los que no desarrollen esas capacidades competirán en condiciones distintas.
Entonces sí: la inteligencia artificial puede generar una ventaja política.

Esa ventaja puede venir de bots, manipulación encubierta, deepfakes y explotación de
emociones. o puede venir de algo mucho más democrático: entender mejor, organizar mejor,
escuchar mejor y gobernar mejor.

Ésa es la diferencia que quiero defender.
[Pausa]

Y por eso llego a mi conclusión:


Si la inteligencia artificial puede intervenir tanto en la libertad con la que una persona decide
como en las condiciones materiales de su vida, las izquierdas necesitamos una agenda que
atienda simultáneamente ambas dimensiones.


Por eso propongo tres grandes ejes de acción para las izquierdas, con seis tareas concretas.


Primero: dentro de nuestros propios partidos.
Tenemos que construir capacidad tecnológica interna.
Formar cuadros, crear equipos especializados y desarrollar capacidades permanentes para
comprender la inteligencia artificial, analizar información, anticipar riesgos y utilizar estas
herramientas responsablemente.
Porque un partido que no entiende la tecnología de su tiempo termina dependiendo de quienes
sí la entienden.
Necesitamos protocolos para detectar deepfakes, desinformación, suplantaciones,
operaciones de influencia y manipulación algorítmica.
Pero con un límite muy claro: usar la inteligencia artificial para comprender mejor a la
sociedad.


Segundo: desde la clase política y las instituciones del Estado.
Tenemos que formar a quienes toman decisiones públicas.
Legisladores, jueces, servidores públicos y dirigentes no necesitan convertirse en ingenieros.
Pero sí necesitan comprender qué están regulando, qué sistemas están contratando, qué
riesgos generan y quién responde cuando fallan.
Y necesitamos construir una verdadera arquitectura de gobernanza y soberanía tecnológica.

Reglas sobre datos, responsabilidad, transparencia y supervisión humana.
Pero también talento, infraestructura, capacidad de cómputo, conocimiento e instituciones
capaces de auditar sistemas.
Porque soberanía tecnológica no significa producir absolutamente todo.
Significa conservar capacidad para decidir sobre la tecnología que condiciona nuestro
desarrollo.


Tercero: hacia la sociedad y hacia nuestros pueblos.


Tenemos que convertir la inteligencia artificial en un beneficio tangible.


Que una persona pueda reconocer concretamente: “Esta tecnología mejoró una parte de mi vida gracias a una política impulsada desde la izquierda.”


Y tenemos que democratizar las capacidades que produce la inteligencia artificial.
Porque si los incrementos de productividad quedan concentrados únicamente en quienes ya
tienen capital, infraestructura y conocimiento, estaremos construyendo una nueva
desigualdad.


La política social del siglo XXI tendrá que seguir distribuyendo recursos cuando sean
necesarios. Pero también tendrá que distribuir capacidades
Eso es lo que yo llamo: el dividendo social de la inteligencia artificial.

Y para que estas seis tareas no se queden solamente en un discurso, propongo: crear un
Grupo Permanente de las Izquierdas sobre Inteligencia Artificial, Soberanía Tecnológica e
Integridad Democrática.
Una capacidad permanente de trabajo.

  • Que forme cuadros.
  • Que estudie experiencias internacionales.
  • Que desarrolle protocolos.
  • Que produzca propuestas legislativas.
  • Que analice amenazas a la democracia.
    Y, sobre todo, que traduzca la inteligencia artificial en soluciones concretas para nuestras
    sociedades.

Camaradas:


Regreso a la pregunta con la que comencé ¿Puede la inteligencia artificial ganar votos?


Sí.


Pero existe una diferencia fundamental entre ganar una decisión manipulando a una persona
y ganar su confianza mejorando su realidad.


La primera puede producir una ventaja momentánea y la segunda construye legitimidad democrática, si decimos que la inteligencia artificial puede fortalecer la democracia, entonces
protejamos primero aquello que hace posible una democracia:


La libertad de las personas para decidir.

Hagamos un esfuerzo común en no permitir el avance del colonialismo digital.

Muchas Garacias.

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